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La letra pequeña en las pólizas de seguro

27 Nov

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La póliza es el documento más importante en la contratación de un seguro, ya que mediante ella se puede probar la existencia del contrato y las estipulaciones que contiene; Su interpretación le corresponde a los jueces y la aplicación práctica a los Mediadores de Seguros.

Según la Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro, el asegurador está obligado a entregar al tomador del seguro la póliza o, al menos, el documento de cobertura provisional formalizada por escrito, pero además, en el artículo 3 de la Ley se establece que las condiciones generales y particulares deberán redactarse “de forma clara y precisa, destacándose de modo especial las cláusulas limitativas de los derechos de los asegurados que deberán ser especialmente aceptadas por escrito. Así pues, no sirve un título genérico y destacado, a modo de riesgos excluidos o cláusulas limitativas de la póliza, sino que deberán constar éstas expresa y específicamente conocidas, aceptadas y suscritas por el asegurado para que surtan plenos efectos jurídicos y tengan virtualidad y operatividad”. 

Sirva como ejemplo, el caso en el que una juez de Tafalla rechazó la demanda de una aseguradora, que exigía a un cliente que pagara los daños de un accidente causado cuando se encontraba bajo la influencia de bebidas alcohólicas con el resultado de daños personales y materiales. La juez concluyó que la cláusula pasaba desapercibida. De hecho, exigía “un esfuerzo de concentración visual” notable para percatarse de su existencia. La demanda fue desestimada y la juez ha sido tajante al sentenciar que “la controvertida cláusula excluyente” contenida en la póliza “no contiene las exigencias formales y materiales que impone la legislación vigente”. “Nos encontramos con un formato estereotipado, texto estándar, de difícil lectura que exige un sobreesfuerzo para detectar la exclusión que nos ocupa, que no aparece destacada de forma especial, sino ocultada dentro de un abigarrado y farragoso texto que enumera varias exclusiones en párrafos seguidos con un interlineado mínimo de separación y formato de escritura también mínimo”.

Y concluye “necesariamente” que el asegurado “firmó donde se le indicó y poco más, lo que revela una forma de actuar mecanicista” y destaca que la doctrina del Tribunal Supremo que rige en esta materia es “in dubio por asegurado”, es decir, que implica interpretar en su beneficio aquellas cláusulas que puedan deparar dudas en su aplicación, por lo que desestima la demanda.

Es por tanto muy importante tanto en el caso del seguro de automóviles como comentamos en el ejemplo, como para cualquier otro , que el tomador conozca todas las prestaciones y obligaciones de la póliza que suscribe, y que la aseguradora las transmita de manera clara y para éste ejercicio resulta imprescindible el acompañamiento profesional de una Correduría de Seguros. 

Fuente: noticiasdenavarra.com,  Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro, y elaboración propia

 

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