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Archivo de la etiqueta: polizas de seguro

¿Es hurto o robo?

La contratación de un adecuado seguro de hogar nos aporta máxima tranquilidad en el caso de sufrir una apropiación indebida de objetos útiles y en alguna ocasión valiosos, desde el punto de vista  económico, no así ante el valor sentimental de estos, los cuáles en la mayoría de los casos son irremplazables, de ahí la importancia de tomar medidas preventivas. Al problema de la pérdida de nuestro enseres, se une, en ocasiones, la respuesta de las aseguradoras que rechazan las reclamaciones por robo o las rebajan porque en realidad el asegurado ha sido víctima de un hurto y no de un robo, dejándose al dañado ante la disyuntiva de aceptar lo ofrecido por la empresa de seguros  o no conformarse y requerir una mayor indemnización. Es por ello por lo que se crea una desconfianza generalizada de la ciudadanía ante las cláusulas de las pólizas de seguros, que ofrecen una cobertura en el caso de sufrir un siniestro por robo; sin embargo legal y contractualmente los conceptos de robo y hurto son diferentes, con consecuencias idénticas, no existiendo en la mayoría de los casos una relación equilibrada entre lo robado y la indemnización ofrecida, porque la póliza no estuvo correctamente concluida, por falta de asesoramiento profesional, quizá porque el asegurado sucumbió a los cantos de sirena de alguien que lo ofrecía barato.

Parece ser que la clave de la cuestión se encuentra pues en la diferencia entre hurto y robo, tal cual se definen en el Código Penal en sus artículos 234, 237 y 238, es decir si existe empleo de la fuerza o no. Sin embargo, estas definiciones son normativas, no coloquiales y no deben ser aplicadas a la hora de valorar las indemnizaciones por sustracciones, quedando estas cuestiones amparadas y definidas en la Ley del Contrato de Seguro, en la que en su artículo 50 hace referencia a sustracciones ilegítimas y en lo que cada Aseguradora  haya establecido en la propia póliza de seguro, con sumas diferentes, límites distintos, exclusiones y limitaciones, que finalmente es lo que importa porque una póliza de seguro es un contrato aceptado entre dos partes y pasados treinta días desde su emisión, sus cláusulas son definitivas. La valoración de hurto y robo de tipo penal sólo podría utilizarse mediante una reclamación ante la aseguradora en la vía jurisdiccional, al considerar la parte demandante que la solución que da la aseguradora no se ajusta a lo perdido por el afectado.

Por tanto, será el propio seguro de hogar el que identifique si se ha sido víctima de un robo, un hurto u otro tipo de sustracción y, en el mismo, aparecen definidos las cuantías de las indemnizaciones. Por la poca diferencia de precio que existe entre las diferentes pólizas multirriesgo de hogar ,es una temeridad no utilizar los servicios de una Correduría de Seguros para asesorarse previamente.

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“Me ha llamado Fernando Alonso”. Un caso real

Hace unos días Fernando Alonso (cliente real, nombre ficticio) se dirigió a mí para pedirme algo insólito. Sabe que me gusta escribir sobre mi trabajo y pensó que ambos podríamos contribuir a que otras personas no cometieran su mismo error. Después de meditarlo un rato acepté contar su experiencia con la condición de no citar nombres reales por cuestiones legales y criterio profesional.

Erase una vez un tal Fernando que vivía en una gran ciudad, y que desde el año 1997 llevaba siendo cliente nuestro, nos había presentado un amigo común y rápidamente establecimos una buena conexión, hasta el punto que nos confío sus pólizas de seguro, entre las cuales estaba la de su casa, un amplio piso en el centro de la ciudad. Fueron pasando los años y las pocas incidencias que tuvo se resolvieron satisfactoriamente, incluso, me reconoció, que generosamente.

Eran otros tiempos. Sin embargo, su coche lo mantenía asegurado en una mutua, de la que formaba parte desde que adquirió su primer vehículo, no le importada tener que desplazarse personalmente a realizar los trámites, porque el precio era realmente bueno, no hacían publicidad, no tenían agentes, ni trabajaban con Corredores, al menos esos eran los argumentos ante sus mutualistas. Pero llegaron unos vientos tormentosos y aquella tradicional mutua cambió radicalmente su estratega y comenzó una carrera de fórmula, para aumentar tamaño y cuota de mercado. Se lanzó a los 2×1 y a los descuentos al 50%, alcanzando cierto éxito, en el que se vio atrapado. Hace dos años, nuestro Fernando Alonso sucumbió a su canto de sirena y sin darnos muchas explicaciones  cambió el seguro de hogar, porque se ahorraba 100 euros al año. El virus de la crisis también le rondaba y pensó que si todas las pólizas son iguales para qué iba a pagar más con nosotros. Tratamos de explicarle que podría estar en un error, si nos permitía negociar su caso con la aseguradora actual, quizá encontrásemos una solución y seguir, que según dice el refrán, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. No tuvimos éxito y su decisión siguió firme.

En el mes de abril de éste año, sucedió lo que suele ser habitual, que al regresar el domingo de su chalet en la sierra se encontró el salón, la cocina, el cuarto de baño y el pasillo completamente anegados  de agua y un fuerte olor a humedad. En el suelo había una nota a mano en la que, el presidente de la comunidad, le informaba de lo sucedido. Se había roto una tubería en el entronque del piso superior, con el resultado de varios pisos afectados, entre los que podría estar el suyo. Así era, sin duda alguna. El lunes a primera hora comunicó el asunto a su mutua, donde una amable señorita tomó nota y le invitó a que hiciera las reparaciones necesarias porque su parquet, al ser tan antiguo y especial, seguramente sus reparadores tardarían en localizar uno similar. A las 48 horas acudió el perito que tomó nota de los daños y también el de la Comunidad de Propietarios, que por cierto no amparaba los daños estéticos, pero eso no le preocupaba porque la amable señorita, por teléfono, le había dicho que su póliza lo cubría todo. Pues manos a la obra, encargó los trabajos a una conocida empresa de reformas, envío los presupuestos a su mutua y al seguro de la comunidad de propietarios y esperó lo que suponía normal, dos semanas, para recibir la indemnización que por teléfono le habían prometido. ¡Sorpresa! primero recibió la visita del presidente de la comunidad que le informó, apesadumbrado, que la compañía pagaba los daños de su casa, pero la reparación estética, no (un salón de 35 metros cuadrados y el pasillo de 12 metros cuadrados). Bueno, pensó, menos mal que mi póliza tiene esa garantía… ¡sorpresa!, a los pocos días de llamar de nuevo a su número 902, ya llevaba unas cuantas, recibe un escrito de su mutua en la que escuetamente le informan que no pueden atender su reclamación porque el daño no está originado en sus instalaciones y que tampoco pueden atender la reclamación de los mismos, porque no contrató dicha garantía opcionalmente. Pasado el estupor inicial, alcanzó el grado de indignación y lo primero que le vino a su cabeza fue recordar la facilidad con que  llamaba a su Correduría de Seguros, nosotros, por supuesto al teléfono móvil, y pensó que, si todavía lo conservaba, podría hablar conmigo con libertad. Así sucedió. Estamos en julio y, aunque su problema no está resuelto todavía del todo, al menos conoce qué puede hacer y adonde debe dirigirse. Antes de colgar, recuerdo, me pidió que tomase nota de llamarle con tiempo para que me ocupara de cancelar esa póliza y hacerla de nuevo con nosotros. No lo pude evitar, tuve que responderle “Fernando, el que tiene que preocuparse de llamar eres tú, nosotros no vendemos pólizas, damos asesoramiento a quien demanda y confía en nuestros servicios”. Creo que no me había explicado tan claro con anterioridad, pero me confesó “tienes razón y voy a pedirte un favor, cuenta mi caso, porque no sabía muy bien la importancia de vuestro trabajo”.

 

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