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Derecho de la aseguradora a la subrogación

El derecho que tienen las Aseguradoras a la subrogación después del abono de un siniestro presenta nuevos matices. Según la sentencia de la Sección 25 de la Audiencia Provincial (AP) de Madrid de fecha 22 de Septiembre de 2014, que pone mayor claridad al artículo 43 de la Ley de Contrato de Seguro,  las Compañías de Seguros pueden ejercer la acción de reclamar por la vía de subrogación y evita un hipotético acuerdo entre Asegurado y Aseguradora para reclamar al causante de un siniestro, aunque éste no tuviese cobertura en la póliza suscrita entre ambos, y da mayor importancia a la garantía opcional de Reclamación de Daños y a la Protección Jurídica.

Hasta la fecha, la Aseguradora instaba un procedimiento judicial frente al supuesto causante de los daños, legitimada por el Art. 43 de la LCS en base a que se haya cumplido su obligación de abonar la indemnización prevista en la póliza, que exista un crédito de resarcimiento del Asegurado frente al tercero y que la Aseguradora quiera ejercer la subrogación. Con éstas premisas sólo era necesario probar que se ha hecho cargo de indemnizar los daños causados por el siniestro, postura sustentada por varias sentencias anteriores a la que ahora invocamos.

Con los antecedentes de la sentencia del Tribunal Supremo de fecha 5 de Marzo de 2007 la Audiencia Provincial de Madrid interpreta que el Art.43 de la LCS no es suficiente , pues las normas del Código Civil permiten la subrogación solamente en casos muy específicos, en los cuales el subrogante debe demostrar el presupuesto fáctico productor de la presunción legal y en los que no quepa ésta presunción legal, será necesario que se haya pactado expresamente entre el subrogante y el acreedor, por lo tanto aunque exista póliza de seguro, si no hay cobertura del siniestro no existe legitimación para ejercer las subrogación, porque no tiene la condición de Aseguradora para ese hecho concreto.

Por tanto, a partir de ahora, la Compañía de Seguros, tendrá que demostrar la existencia de cobertura, de no hacerlo podría considerarse que no concurre la condición de Aseguradora del siniestro concreto. De ahí la necesidad y empeño, en muchas ocasiones, de aportar todos aquellos condicionados y suplementos que sirvan para acreditar la relación entre el daño indemnizado y la reclamación por subrogación, no siendo suficiente el mero pago del siniestro para legitimar la reclamación. No conocemos ningún caso, pero sería posible un acuerdo entre el Asegurado y su Aseguradora para que esta instara un procedimiento de reclamación en base a una hipotética subrogación reconocida por la LCS.

Este nuevo criterio produce un mayor equilibrio entre las figuras que intervienen en un contrato de seguros, realzando la importancia de recibir un buen asesoramiento profesional antes de suscribir un programa de seguros y otorgando el inestimable apoyo de una Correduría de Seguros, que sea capaz de identificar riesgos, valorar sus posibles efectos en caso de siniestro y ayudar a equilibrar la balanza entre el dominio de la Aseguradora y la debilidad del Asegurado o Beneficiario, tanto a la hora de defenderse como de reclamar.

Para comprender la importancia del asunto explicaré un caso real. El señor López se puso en contacto con nosotros implorando ayuda para resolver un problema de humedades que padecía en su casa, en varias ocasiones se dirigió al vecino de arriba y al presidente de la Comunidad, sin éxito, en sus pretensiones de conseguir que hicieran lo que estuviera en sus manos para resolver el problema.

Tomamos la decisión de ayudarle en la comunicación del siniestro a su Aseguradora que, en menos de 24 horas, envió a un profesional para localizar la avería; resultó estar originada por el desembarque del inodoro del piso superior, que no disponía de seguro y se resistió a reconocer su responsabilidad, aunque finalmente aceptó reparar únicamente su tubería, pero no atendió los daños directos de nuestro cliente ni tampoco los estéticos ante la imposibilidad de encontrar material idéntico. Revisamos el informe pericial, le aconsejamos optar por los servicios recomendados por su compañía de seguros; Esta, después de finalizar los trabajos, presentó un escrito de subrogación al señor López e inició la acción de repetición con el objeto de resarcirse a satisfacción de todos los gastos en que tuvo que incurrir para atender los daños de su Asegurado.

Contratar un Seguro de Hogar o una póliza de Protección Jurídica para toda la familia cuesta menos de 50 céntimos al día. Para una Comunidad de Propietarios 8 euros al año por vecino.

José Silva, director técnico de Correduría de Seguros.

 

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“Me ha llamado Fernando Alonso”. Un caso real

Hace unos días Fernando Alonso (cliente real, nombre ficticio) se dirigió a mí para pedirme algo insólito. Sabe que me gusta escribir sobre mi trabajo y pensó que ambos podríamos contribuir a que otras personas no cometieran su mismo error. Después de meditarlo un rato acepté contar su experiencia con la condición de no citar nombres reales por cuestiones legales y criterio profesional.

Erase una vez un tal Fernando que vivía en una gran ciudad, y que desde el año 1997 llevaba siendo cliente nuestro, nos había presentado un amigo común y rápidamente establecimos una buena conexión, hasta el punto que nos confío sus pólizas de seguro, entre las cuales estaba la de su casa, un amplio piso en el centro de la ciudad. Fueron pasando los años y las pocas incidencias que tuvo se resolvieron satisfactoriamente, incluso, me reconoció, que generosamente.

Eran otros tiempos. Sin embargo, su coche lo mantenía asegurado en una mutua, de la que formaba parte desde que adquirió su primer vehículo, no le importada tener que desplazarse personalmente a realizar los trámites, porque el precio era realmente bueno, no hacían publicidad, no tenían agentes, ni trabajaban con Corredores, al menos esos eran los argumentos ante sus mutualistas. Pero llegaron unos vientos tormentosos y aquella tradicional mutua cambió radicalmente su estratega y comenzó una carrera de fórmula, para aumentar tamaño y cuota de mercado. Se lanzó a los 2×1 y a los descuentos al 50%, alcanzando cierto éxito, en el que se vio atrapado. Hace dos años, nuestro Fernando Alonso sucumbió a su canto de sirena y sin darnos muchas explicaciones  cambió el seguro de hogar, porque se ahorraba 100 euros al año. El virus de la crisis también le rondaba y pensó que si todas las pólizas son iguales para qué iba a pagar más con nosotros. Tratamos de explicarle que podría estar en un error, si nos permitía negociar su caso con la aseguradora actual, quizá encontrásemos una solución y seguir, que según dice el refrán, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. No tuvimos éxito y su decisión siguió firme.

En el mes de abril de éste año, sucedió lo que suele ser habitual, que al regresar el domingo de su chalet en la sierra se encontró el salón, la cocina, el cuarto de baño y el pasillo completamente anegados  de agua y un fuerte olor a humedad. En el suelo había una nota a mano en la que, el presidente de la comunidad, le informaba de lo sucedido. Se había roto una tubería en el entronque del piso superior, con el resultado de varios pisos afectados, entre los que podría estar el suyo. Así era, sin duda alguna. El lunes a primera hora comunicó el asunto a su mutua, donde una amable señorita tomó nota y le invitó a que hiciera las reparaciones necesarias porque su parquet, al ser tan antiguo y especial, seguramente sus reparadores tardarían en localizar uno similar. A las 48 horas acudió el perito que tomó nota de los daños y también el de la Comunidad de Propietarios, que por cierto no amparaba los daños estéticos, pero eso no le preocupaba porque la amable señorita, por teléfono, le había dicho que su póliza lo cubría todo. Pues manos a la obra, encargó los trabajos a una conocida empresa de reformas, envío los presupuestos a su mutua y al seguro de la comunidad de propietarios y esperó lo que suponía normal, dos semanas, para recibir la indemnización que por teléfono le habían prometido. ¡Sorpresa! primero recibió la visita del presidente de la comunidad que le informó, apesadumbrado, que la compañía pagaba los daños de su casa, pero la reparación estética, no (un salón de 35 metros cuadrados y el pasillo de 12 metros cuadrados). Bueno, pensó, menos mal que mi póliza tiene esa garantía… ¡sorpresa!, a los pocos días de llamar de nuevo a su número 902, ya llevaba unas cuantas, recibe un escrito de su mutua en la que escuetamente le informan que no pueden atender su reclamación porque el daño no está originado en sus instalaciones y que tampoco pueden atender la reclamación de los mismos, porque no contrató dicha garantía opcionalmente. Pasado el estupor inicial, alcanzó el grado de indignación y lo primero que le vino a su cabeza fue recordar la facilidad con que  llamaba a su Correduría de Seguros, nosotros, por supuesto al teléfono móvil, y pensó que, si todavía lo conservaba, podría hablar conmigo con libertad. Así sucedió. Estamos en julio y, aunque su problema no está resuelto todavía del todo, al menos conoce qué puede hacer y adonde debe dirigirse. Antes de colgar, recuerdo, me pidió que tomase nota de llamarle con tiempo para que me ocupara de cancelar esa póliza y hacerla de nuevo con nosotros. No lo pude evitar, tuve que responderle “Fernando, el que tiene que preocuparse de llamar eres tú, nosotros no vendemos pólizas, damos asesoramiento a quien demanda y confía en nuestros servicios”. Creo que no me había explicado tan claro con anterioridad, pero me confesó “tienes razón y voy a pedirte un favor, cuenta mi caso, porque no sabía muy bien la importancia de vuestro trabajo”.

 

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