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Archivos Mensuales: febrero 2014

Dependencia asegurada

Soy hija única, casada, madre de dos hijas de 7 y 10 años y, además de las tareas domésticas, dedicándome a algo que siempre me apasionó, el diseño gráfico. Mi padre viudo, con enfermedad de Alzheimer ya agravada, vive en mi casa con mi familia. El día a día se hace duro. Me siento afortunada, pese a todo, porque mi marido comprende la situación y recibo tanto su ayuda como la del resto de la familia, cada uno a su medida.

Por la educación que recibí y mi estabilidad familiar a la hora de afrontar qué hacer con mi padre tuve claro que nunca le dejaría en una residencia, después de todo, no me pareció una buena forma de recompensarle por su dedicación y cariño.

La enfermedad de mi padre se agrava, como era de previsible, y hemos tenido que acudir a la ayuda de una persona con conocimientos en salud y enfermería para que pueda encargarse de él aquellos momentos que no estamos en casa y que nos permita también conciliar la vida familiar. El coste económico que se asume en estas situaciones es considerable y concienciados en el asunto, mi marido y yo, valoramos la opción de contratar un seguro de dependencia y asegurarnos el evitar que esta situación pueda repetirse  en un futuro con nosotros respecto a nuestras hijas. Decididos a ello buscamos, por varios medios, información sobre éste tipo de seguros, por cierto muy poco conocidos, recurrimos a varias compañías de seguros, amigos, internet, pero las dudas que nos surgieron sobre este tipo de seguros fueron muchas y variadas, como qué tipo de cobertura tiene, para qué tipo de enfermedades, si las cuotas a pagar dependen de la edad en que se contratan o de las condiciones físicas o si la contraprestación de estos seguros, si se da el caso de una situación de dependencia, consiste en dinero en efecto o en servicios prestados. En lugar de aclararnos las ideas, parecíamos más confusos con cada información que recibíamos, así que adoptamos el consejo de mi jefe de utilizar los servicios de una Correduría de Seguros, así fue como contactamos con un verdadero experto en la materia que con mucha paciencia y eficacia despejó cuantas dudas teníamos. La gran dependencia, la severa y la moderada, reguladas por la Ley de Promoción de la Autonomía personal y atención a personas, desgraciadamente con muy poco desarrollo por falta de medios y sensibilidad de nuestros gobernantes. Al mismo tiempo aprendimos a distinguir la dependencia económica de la física, la social o la cognitiva. Por cincuenta euros al mes estamos más tranquilos y mi marido que se ocupa de la declaración de la renta más contento porque puede deducir el importe del seguro.

Teresa Castro, diseñadora y ama de casa.

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